El aroma del perfume que llevas puesto dice mucho de ti, de tu personalidad, de tus gustos, de tus intenciones y hasta de tu estado de ánimo.
Una de las mayores sutilezas y encantos femeninos es el aroma de un buen perfume. El perfume es parte fundamental del ritual de belleza femenino porque expresa de manera singular y misteriosa lo que proviene del interior de toda mujer y que no se puede manifestar de otras formas.
Un perfume es una mezcla de aromas que se apoyan unas sobre otras para producir una nueva que impregna el ambiente por donde te mueves. Elegir el mejor perfume dentro de una infinidad de fragancias posibles puede resultar sencillo si te conoces bien, basta con un poco de tiempo, paciencia y dinero.
¿Cómo elegirlo?
Fíjate bien y te darás cuenta que por lo regular eliges la fragancia que más te atrae y es porque va con tu personalidad, tu química y refleja tu interior. Eso quiere decir, que para elegir el perfume que mejor que te quede no tienes que hacer un curso en cosmética, pero si prestar mucha atención a las recomendaciones de los expertos en el tema.
La forma como huele el perfume en cada persona varía de acuerdo a muchos aspectos, por ejemplo, en las pieles morenas, el perfume dura y se siente más, ya que contienen más grasa; el uso de medicamentos, la alimentación muy condimentada, el embarazo, la menstruación y la química de tu cuerpo alteran el olor del perfume, por eso no es recomendable elegirlo por el hecho de que te huela bien en otra persona, así como tampoco es ideal probar demasiadas opciones porque puedes terminar confundida.
Un perfume para cada personalidad
La mejor orientación para elegir el perfume correcto es tu propia agudeza olfativa y la confianza en tu instinto femenino que es la que te impulsa hacia una determinada fragancia. Otra buena forma de acertar en la elección es basándote en los aspectos característicos de tu personalidad. Aquí tienes una buena guía para hacerlo:
• Si te consideras una chica abierta y descomplicada, las fragancias ideales para ti son las naturales con toques cítricos y florales.
• Si eres toda una deportista, las mezclas cítricas y florares también te van súper bien, procura usar olores de hojas, musgos y césped.
• Si eres sensible y muy soñadora inclínate por los olores suaves, por las esencias frutales y florales que transmiten dulzura, serenidad, ternura, sensualidad y transparencia.
• Si eres alegre, espontánea y un poco explosiva prefiere las composiciones cítricas y los olores fuertes.
• Si eres sensual y te gusta seducir a los demás elige las esencias maderadas con toques de ámbar para que insinúes misterio y pasión.
• Si te consideras seria y muy discreta no corras riesgos y opta por las fragancias clásicas.
Cuando estés probando para elegir tu nuevo perfume, no frotes las muñecas para que no rompas la fragancia y alteres su aroma y duración y espera por espacios de 15 minutos para probarte entre uno y otro. Recuerda que la temperatura, la grasa y el PH de tu piel cambian el olor original de cada perfume.
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Casi ningún adolescente se escapa de la terrible pesadilla que provoca la aparición del acné, pero existen muchas formas de contrarrestarlo.
El acné es una inflamación que se produce en tu piel y se caracteriza por las erupciones superficiales que son ocasionadas por la oclusión o cierre de los poros. Aunque creas que sólo tú eres la que tiene mala suerte, el acné afecta a la mayoría de los adolescentes, de hecho es una condición normal en esta etapa de la vida, ya que los cambios hormonales que se presentan entre la pubertad y la adolescencia, generalmente lo originan.
Tener acné o mejor dicho, padecerlo, no es exclusivo de las chicas ni tampoco es contagioso, afecta de manera igual a ambos sexos, sin embargo, en algunas personas se presenta de manera severa y en otras ni siquiera se presenta.
¿Qué te produce acné?
El acné se produce cuando las glándulas sebáceas, es decir, las que producen grasa y desembocan en los poros y folículos del pelo, generan más grasa de la que normalmente tu piel es capaz de eliminar a través de la descamación. En esa medida, los folículos se llenan taponan y se producen las espinillas. Cuando se rompen los tapones de grasa, se combinan con células muertas de la piel y bacterias del exterior y es cuando se producen nódulos infectados (póstulas) y erupciones.
La causa principal del acné es el cambio hormonal que sufre tu cuerpo durante la adolescencia y que puede persistir durante varios años, otra causa importante es el factor genético de tendencia a sufrirlo, la exposición a cambios de temperatura fuertes, el estrés, la piel grasa, las alteraciones endocrinas y eventualmente, el uso de algunos medicamentos como los anticonceptivos.
¿Cómo puedes controlarlo?
Lamentablemente, no puedes evitar el acné, pero lo que sí puedes hacer es controlarlo a través de las siguientes recomendaciones:
• Limpia tu piel con agua y jabón para retirar toda la suciedad o el maquillaje, por lo menos dos veces al día y después de realizar ejercicios físicos. Procura utilizar siempre un paño o toalla limpia para secar.
• Utiliza vapor o ponte compresas húmedas de calor para abrir los poros taponados por la grasa.
• Lava súper bien tu cabello con un champú anticaspa, por lo menos dos veces por semana y péinate hacia atrás para evitar que tu pelo caiga sobre la cara.
• Usa lociones astringentes diariamente para que retires de la piel el exceso de grasa.
• Evita apoyar tu cara sobre las manos porque puedes irritar aún más la piel.
• No te rasques, frotes o punces las espinillas porque llevas aún más bacterias a las póstulas y ocasionas irritaciones y heridas que aumentan el daño en tu piel.
• Procura tomar más agua de lo normal para eliminar naturalmente los excesos de grasa en tu organismo, aumenta el consumo de frutas y verduras y evita las comer grasas.
Algunos casos de acné obedecen a problemas que no son controlables únicamente con remedios y precauciones caseras, por lo tanto, no es aconsejable automedicarse y es preferible consultar con el dermatólogo para que él decida el tratamiento adecuado. Además, tardarse en iniciar un tratamiento médico, puede producir secuelas irreparables en la piel.
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